martes, 24 de mayo de 2016

NOTAS SOBRE LA ENSEÑANZA

     Resulta curioso: mucha gente, algunos, amigos, que han leído el libro de Conversaciones con Alfredo Rodriguez, reprueban más o menos mis consideraciones sobre la maldad del Estado y mis deseos de un Estado mínimo - es mi “mínimo” lo que les parece discutible -, pero lo que les resulta indigerible son mis conjeturas sobre la Enseñanza, lo de que los centros deben ser privados y libres de establecer sus programas. Nunca comprendo por qué la gente está más interesada en mis opiniones sobre estos temas - será porque todo ha terminado, como veía Mann, en una trituradora política que nos devora hasta los poros - que por lo que hablamos de Literatura, de pintura, de mujeres... de música, de lo verdaderamente importante.
      Creo que acaso ese  interés vaya ligado a no darse cuenta de que yo hablaba con ironía. Y que lo que me interesa, muy lejos de cualquier ideología, es que dentro de un orden que permita vivir, exista el menor poder posible en los gobiernos, sea el que sea. Me da igual cómo se etiqueten, porque lo importante es hasta dónde limitan nuestras libertades, si garantizan o no la Propiedad, pues sin su inviolabilidad no hay vida ni Libertad posibles, si nuestra Conciencia está a salvo. Si yo hablaba allí de dos Presidentes (lo mismo hubiera podido decir tres) es porque advierto menos posibilidades de despotismo, más límites a las tentaciones de poder; y si reducía los Ministerios es porque creo que cuanto menos dependa del gobierno, menos peligro para nosotros; y de poner barreras a tal peligro, mi oposición a gastar ese dinero que nos roban con los impuestos para sostener partidos políticos, organizaciones de cualquier especie y cuanto vía subvención domestica la libertad de la sociedad; y lo de la edad avanzada para los gobernantes es porque creo más en la prudencia de los mayores que en la de los jóve-
nes.
    Lo que es absolutamente necesario es que los gobiernos no se basen en “Ideologías”, esa abyección que prejuzga, sin otras formas de entendimiento que la Razón, preten-diendo mediante qué ingeniería  social devastadora, modificar la vida de la sociedad sin tener en cuenta la realidad de esa sociedad, su Memoria, lo que es en su alma, y sobre todo olvidando la limpia inteligencia de qué puede, verdaderamente, ayudar a las correcciones  que sean necesarias sin olvidar jamás qué es intocable.
     Muchas veces pienso cómo la sucesión de reinos y guerras y enfrentamientos muy dolorosos, no cambiaban a lo largo de la Historia ese “espíritu” de los pueblos. Hasta el cáncer de las Ideologías, hasta que fueron éstas y no pasiones mucho más humanas - el ansia de poder, el odio, la codicia, incluso las hambrunas – las que abrieron las puertas del Horror.
      De todas formas, todas mis conjeturas, todos mis “consejos”, no dejaban de ser, y yo lo advertía, política-ficción. Porque nuestro desastroso mundo está tan establecido, los gobiernos tienen tan narcotizada la sociedad en su tela de araña, que no veo forma de que mude digamos “por las buenas”; y cuando nos inclinamos “por las malas” no dejamos de caer en otra pretensión de ingeniería social. Por eso creo que lo único que cabe hacer y desear - sin esperanza -es ir eligiendo aquellos gobernantes más alejados de toda ideología partidista, los más cercanos a ser meros gestores inteligentes, los más moderados, y... ¿cómo diría?: Un empresario como el creador de Zara no me parece mal Presidente. Gobernantes por poco tiempo en el poder y que vayan asegurando lo que antes soñaba: Libertades y Propiedad garantizadas, Gobierno de las Leyes y no de los hombres.
     Todo esto, naturalmente, poco tiene que ver con el Arte, con la Literatura, etc, que caminan muy bien a su aire, como el talento de sus creadores lo permita. Lo único fundamental para que se desarrollen en estos tiempos “democráticos” -quiero decir, cuando ya no hay Pericles ni ninguno de aquellos excelentes mecenas o Reyes y Papas magníficos-  es la eliminación del Ministerio de Cultura y toda injerencia del Estado.
     Pero sobre la Enseñanza sí me duele que en lo que se  ha convertido -su dependencia y utilización por los gobiernos para moldear con sus falsificaciones el pensamiento y someter nuestra libertad y nuestra conciencia- esté ya tan hecho carne “nuestra” que resulta inconcebible imaginar lo que yo decía en las Conversaciones: Hay que alejarla, apartarla de todo contacto con el Poder. Porque ya no se trata de discutir nuestras formas de convivencia, reflexionar sobre la crueldad o la tolerancia, sobre qué es bueno para prosperar o qué nos hace retroceder a la miseria... Se trata de lo que pese a todo y sobre todo, han sido capaces los seres humanos de levantar por encima de la indigencia de su condición: la Civilización. Y en sus cimientos está la Educación -que prefiero a Enseñanza-. Y ahí no tengo, creo, sólo conjeturas, sino algunas certidumbres. Sé muy bien que no veré una hora donde crezcan orgullosas, pero  como mi maestro Montaigne decía c’est  ne pas un leger plaisir de se sentir preservé de la contagion d’une siècle si gasté.
     Por qué considero que toda la Enseñanza debe establecerse en centros privados podría  resumirlo en: Porque su único espacio posible es la Libertad, el intercambio de ideas, de formas de ver el mundo, de reflexionar sobre su Historia. Y creo que esa Libertad y esa universalidad están más protegidos en centros privados y con programas de estudio libremente establecidos por cada centro que en las manos inevitablemente sectarias y viles de cualquier poder “moderno”. Ninguno es ya precisamente Federico II Hohenstaufen.  La Educación es asunto que corresponde a la sociedad. Y pienso que en su mejor servicio -y en el de esa Civilización que nos ampara- debe transmitirse en centros libres, con libre contratación de maestros exponiendo cada uno con libertad sus conocimientos, maestros de esta o aquella nación (pues no hay otra que la excelencia de su saber), y con programas de estudio decididos por cada centro. Será la sociedad la que rechace o acuda a esos centros si ve que no es bueno lo que se  enseña. Ese sería otro filtro: sólo lo excelente prevalecería.
      Sobre la forma de pagar esa Enseñanza, ya me ocupé largamente en el libro de Conversaciones, y no voy a repetirme.
      Insisto en que todo esto que desearía, es quimérico. Pero se diferencia de la utopía en que así ha sido durante muchísimos siglos, y con notable provecho.
      Y bueno... ya que parece que esta noche tengo ganas de escribir, ¿por qué no añadir algunas consideraciones que me parecen interesantes?
      Por ejemplo: sobre los niños. Ahí coincido con Vico: creo que es un error tratar de ocupar su interés con ciertos conocimientos, por ejemplo los científicos. Eso vendrá después, en su momento propicio. Pienso para ellos - su edad es una esponja para todo lo que conformará su ser- en una Enseñanza que adore la Memoria, lo que de verdad somos, qué es el Bien y qué el Mal, lo que hemos sido capaces de crear (Arte, Religiones, la Tolerancia), nuestra Historia contada como un cuento, mitos, leyendas... todo lo que irá empapando esa esponja, dejando en ellos una formación Humanista. Recuerdo que Vico decía que lo único aceptable en esas edades y referido al conocimiento científico era la Geometría, precisamente por esa capacidad imaginativa de los niños para “crearse” en un mundo de imágenes. ¡Y qué edad para leer!
       Y también creo que no debe dejarse en el olvido el juego, el atletismo, pero en esto soy muy “griego”. Soy de los que disfrutan con la regata de Oxford y Cambridge.
       Lo fundamental es que avancen desde la niñez sin haber sido manipulados por ningún fanatismo. Sólo habiendo “visto”, hecho suyo el mundo y la vida sensorialmente, sabiendo qué es Bueno y qué es Perverso. Ya en la adolescencia irán ampliándose los conocimientos, e incluso - en la Universidad- especializándose. Pero sin perder nunca de vista cual es la meta: ser el mejor ser humano posible. Y por eso decía  yo en las Conversaciones que algo muy importante -y eso es lo que más reprimendas ha cosechado- es que los últimos grados, aunque ya desde el final de la adolescencia, sean sumamente exigentes, hasta implacables, en la sanción de los conocimientos adquiridos y la capacidad intelectual del alumnado; que sólo vayan “ascendiendo” los verdadera-mente capaces. Los demás pueden ir incorporándose a oficios o destinos acordes con su competencia.
      De todas formas, repito, no me hagan mucho caso. Y además ya estoy empezando a sentir el sueño. Un whisky, el último cigarro, y a la cama con un buen libro. Me despido con una pagina de mi querido Montesquieu, que no viene mal aquí:
      “Cuando ya no hubo tribunos que escuchar ni magistrados que elegir, lo fútil se hizo  indispensable y la ociosidad incrementó el gusto por esa nadería. Calígula, Nerón, Cómodo, Caracalla, fueron amados por el pueblo a causa de su misma locura, pues estimaban con furor lo mismo que el pueblo deseaba; contribuían con todo su poder y hasta con sus perversiones a los placeres del pueblo y prodigaban para él las riquezas del Imperio, y cuando estas se agotaban, con qué alegría asistía el pueblo al despojo de las grandes familias gozando de los frutos de la tiranía, ENCONTRANDO SU SEGURI-
DAD EN SU PROPIA BAJEZA”.
(La última frase la escribo con mayúsculas porque convendría meditar mucho en su sentido)

      

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