martes, 5 de junio de 2012

DISIDENCIAS II


Desafortunadamente, como Borges decía, acaso falta mucho tiempo para que merezcamos no tener gobiernos. De momento parece que el invento, para nuestro mal, tíene larga vida.
Pero eso no implica infamemente que no puedan mitigarse sus perversiones y su coste.
Imagino que una Presidencia bicéfala limitaría los perjuicios derivados de delirios individuales, por muy cercados que estos estuvieran por la Ley. Porque por encima de todo cuanto pueda yo exponer ahora, sueño con la Ley. Esto es: un Gobierno de las leyes y no de los hombres.
¿ Y no sería caritativo que la Presidencia no durase más de dos años?. Yo añadiría la precisión de unos mínimos de edad ( pueden ser los cincuenta años) en los aspirantes. Aspirantes que como meros gestores del Poder dentro de un abanico de posibilidades con fronteras establecidas por la Constitución - la más importante: que ni siquiera una mayoría pudiera permitir adoptar leyes fuera de esos lindes - vendrían a ser, para entendernos, como los presidentes de una comunidad de vecinos. Podemos imaginar qué barato resultaría la escasa servidumbre y servicios de seguridad de dicha Presidencia; y si algún indignado atentase contra ella, al día siguiente, otro en la lista lo substituiría. Total, para limitarse a firmar...
Las campañas electorales no precisarían de un céntimo de gasto. Es absurdo actuar en el siglo XXI como cuando no existían ni radios ni televisiones ni internet, etc. Así, bastaría con que cada aspirante dispusiera del mismo tiempo para dirigirse a la sociedad y exponer su programa (siempre sin leerlo). Este programa debería explicar las reformas que el pretendiente imaginara, pero valorando su cuantía y los medios de que se valdría para cumplir dichas promesas. Obvio decir, que, elegido, cualquier alteración de ese programa sería causa suficiente para la destitución del Presidente por el Tribunal Supremo.
El mismo sistema vale para alcaldes y diputados.
Todo el aparato de la Administración, hasta el nivel de Subsecretarios y Directores Generales, sería cubierto por un funcionariado de carrera. Los Ministros - no creo que se precisen más de seis: Hacienda, Justicia, Fuerzas Armadas,Seguridad (o Gobernación), Intervención del Estado (donde podría incluirse  Conservación del Patrimonio Nacional en aquellos tramos que no pudiera cubrir la iniciativa privada) y Asuntos Exteriores - y los pocos altos cargos adscritos a Presidencia, serían de libre designación y por el mismo periodo de dos años. Solamente las Fuerzas Armadas, las fuerzas de Seguridad, Cuerpo Diplomático (menos el Embajador) y la Judicatura deberían quedar fuera de esa demarcación temporal.
Para más detalle de estas lucubraciones remito al libro de Conversaciones en París, mantenidas conmigo por mi amigo el poeta Alfredo Rodriguez, de próxima publicación en Editorial Renacimiento y que ahora puede encontrarse y bajarse en mi web: www.josemaria-alvarez.com

De  todas formas, lo que digo no creo que tenga por el momento la más pequeña posibilidad de realizarse. La destrucción de la Democracia verdadera y de las libertades fundamentales del ser humano, ha sido y es tan absoluta, tan implacable; el arrasamiento de todo intento de modificar las actuales estructuras de Poder por los pocos que son conscientes del Horror y el entumecimiento de la mayoría narcotizada por la ficción del Bienestar y la desesperanza, es tan profundo, que - como ya he dicho - la sociedad sólo despertará con la Hecatombe. O acaso, ni siquiera despertará, sino que alcanzaremos la esclavitud voluntaria y la aceptación de la muerte del individualismo y la miseria del pensamiento "Único", con una atemorizada complacencia.
Por lo tanto, yo no propongo nada; me limito a expresar mi inquietud y algunas formas de vivir que me parecen razonables. Que sean - o parezcan - imposibles, no quiere decir que no debamos TENDER a ello. Mientras tanto, me limitaré a apoyar todo lo que signifique una disminución del poder del Estado. Puede que poco a poco...

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